Hay personas que “creen
en la humanidad”; en otras palabras, creen que el bien abunda más en la gente
que el mal. Hacer lo correcto es más fácil cuando la mayoría de las personas “aprueban”
lo correcto, en esto estoy de acuerdo. Pero, ¡Qué difícil es hacer lo correcto
cuando la humanidad ha sido corrompida! Entonces, la persona que “quiere hacer
el bien” ya no va “de acuerdo” con la mayoría, sino que rema contra la
corriente, y ahora ya no “simpatiza” con la tendencia, convirtiéndose poco a
poco en un opositor, en un enemigo, y hasta en un intolerante.
Cuando hay un
desorden en un cuarto de nuestra casa, y la luz esta apagada, y no es posible
ver las cosas, entonces es más fácil ignorar y “hacernos los desentendidos” y
no ver la necesidad de aceptar que hay desorden, aceptar que hay suciedad,
aceptar que se tiene que limpiar. Limpiar el cuarto es lo correcto, ya que la
suciedad pronto se convierte en bacteria, hongos, trayendo mal olor, roedores,
insectos/larvas, condiciones que no son saludables para la vida, hasta enfermedades
que nos acercan a la muerte.
Hace unos días platicaba
con un amigo sobre la razón por la cual hay personas que dicen que no creen en
Dios, o aun aquellos que son “hostiles/agresivos” en contra de Dios. Esto viene
del orgullo, de la soberbia de tener que aceptar el estado pecaminoso (sucio) y
tener que rendir cuentas a Dios. Algunos prefieren “dejar la luz apagada” para
seguir ocultando la maldad que hay en nuestro corazón.
En la escritura de la
semana pasada (Parashat Shemot), hubo una parte de la historia del pueblo de
Israel y el faraón egipcio que me llamó mucho la atención y lo quiero compartir
contigo, mi hermano y amigo lector.
Pasados cientos de años
de que la familia de Jacob, los hebreos, se quedan en Egipto, el faraón veía que
el pueblo crecía y era bendecido a pesar de la carga de esclavitud que había puesto
sobre ellos para frenar su bienestar. Es entonces cuando llama a las dos
parteras que atendían a las mujeres israelitas que daban a luz, para darles la instrucción
de matar a todo varón recién nacido.
Estas dos mujeres,
las parteras llamadas “Sifra” y “Puah”, reciben la orden del faraón de
asegurarse de matar a cada bebé
varón, y solo dejar a las hembras vivir. Aquí está la historia bíblica en Éxodo
capitulo 1 verso 15 al 22:
Después,
el faraón, rey de Egipto, dio la siguiente orden a las parteras hebreas Sifra y
Pua: «Cuando
ayuden a las mujeres hebreas en el parto, presten mucha atención durante el alumbramiento.[c] Si el bebé es niño, mátenlo; pero si es niña, déjenla vivir». Sin embargo,
como las parteras temían a Dios, se negaron a obedecer las órdenes del rey, y
también dejaron vivir a los varoncitos.
Entonces el rey de Egipto mandó llamar a las parteras: —¿Por qué hicieron esto?—les preguntó? ¿Por qué dejaron con vida a los varones?
—Las mujeres hebreas no son como las egipcias—contestaron ellas—, son más vigorosas y dan a luz con tanta rapidez que siempre llegamos tarde.
Por eso Dios fue bueno con las parteras, y
los israelitas siguieron multiplicándose, y se hicieron cada vez más poderosos. 21 Además, como
las parteras temían a Dios, él les concedió su propia familia.
22 Entonces el faraón dio la siguiente orden
a todo su pueblo: «Tiren al río Nilo a todo niño hebreo recién nacido; pero a
las niñas pueden dejarlas con vida».
¿Qué harías tu? ¿Obedecerías a la autoridad (gobierno) de sacrificar las
vidas humanas, de matar a tus semejantes? ¿Te parece esto algo bárbaro y atroz? Esto es lo que
sucede hoy en el mundo, millones de bebés son sacrificados antes de nacer y ahora en Nueva York,
incluso durante su nacimiento. Estas leyes diabólicas de nuestro “actual faraón”
(gobiernos) han “legalizado” este gran pecado, permitiendo el asesinato de millones
de seres humano inocentes, y poco a poco, el que está en desacuerdo con esta maldad
por defender la vida estos bebés,
ya es el enemigo, el intolerante. Defender a la institución de la familia, el núcleo
básico de la humanidad para su procreación y estabilidad ahora es un acto de
intolerancia para la sociedad corrompida.
El profeta Isaías dio
una terrible advertencia:
¡Qué aflicción será para los que dicen
que lo malo es bueno y lo bueno es malo,
que la oscuridad es luz y la luz es oscuridad,
que lo amargo es dulce y lo dulce es amargo!
21 ¡Qué
aflicción será para los que se creen sabios en su propia opinión
y se consideran muy inteligentes!
En un mundo que cada
vez es más insensible a la maldad, la Verdad permanece, lo bueno sigue siendo
lo bueno, y lo malo sigue siendo lo malo. Si hoy defendemos la vida de estos
bebés que inocentemente
tienen una sentencia de muerte, ahora vemos que esta humanidad supuestamente civilizada,
moderna, avanzada tecnológicamente, ahora llama bueno a lo malo, llama “legal”
a lo que viola la ley del Creador del ser humano: No Matarás. No fornicarás.
Jesucristo es la Luz,
y la luz alumbra lo que estaba oculto, y discierne las intenciones de nuestro corazón.
Esta Luz ha venido para descubrir lo que las tinieblas esconden. Al final de nuestros
días, creas o no creas en Dios, estaremos delante de nuestro Creador, y
rendiremos cuentas de nuestras acciones y recibiremos conforme a lo que hicimos,
el bien o el mal.
¿Qué pasa entonces
si prendemos la luz de nuestro corazón? ¿Tenemos la habilidad de poner orden,
de limpiar y dejar todo puro? No. No es suficiente. Nuestro corazón ha sido
manchado mas allá de cualquier religión, filosofía, manera de ver las cosas…
Dios es completamente Santo/Puro/Bueno, y nadie que ha hecho lo malo puede ir
al cielo y estar en la Presencia de Dios. Solamente la sangre del Cordero de
Dios, de Yeshua/Jesucristo, tiene el poder para lavar nuestro corazón, nuestra
alma y toda nuestra existencia, para poder realmente estar arrepentidos,
ser perdonados y “nacer de nuevo” como hijos de Dios.
Volviendo a la
historia de estas mujeres que decidieron desobedecer al faraón egipcio (su autoridad
humana), podemos ver algo maravilloso:
20 Por
eso Dios fue bueno con las parteras, y los israelitas siguieron
multiplicándose, y se hicieron cada vez más poderosos. 21 Además, como
las parteras temían a Dios, él les concedió su propia familia.
Dios conoce el corazón del hombre y El hará
justicia pronto. El final de este pueblo egipcio no fue muy bueno, como lo
leeremos es la lectura de estas próximas semanas: plagas, catástrofes, muerte…
La ira de Dios sobre la tierra. Si hoy lees esto, aun hay tiempo de
arrepentirse y entregar nuestra vida a Jesucristo… pero el tiempo se acaba, y
pronto vendrá la ira del Dios Viviente sobre toda la maldad del hombre en esta
tierra.
¿Quieres platicar acerca de esto, de como
tu puedes ser libre para vivir conforme a la voluntad de Dios para tu vida? Contáctame…
La escritura establecida para hoy sábado
se titula “Parashat Va’era” que significa “Y aparecí”. Te invito a leerla,
meditarla y buscar a Dios con todo tu corazón.
Éxodo 6:2 al 9:35, Ezequiel 28:25 al 29:21
y Romanos 9:14 al 33.
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